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Advertencia: Contenido a veces sarcástico para mentes abiertas y tolerantes hacia pajas mentales con escasa eyaculación de originalidades.

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domingo, abril 01, 2007

Sentidos

Me enredo en las palabras, en los signos, en los silencios.
Frunzo el entrecejo como si así pudiese también apretar mi cerebro, y permitir que alguna lejana neurona rehaga por fin el contacto perdido y aún anhelado.
El problema es que al hacerlo, me comprimo toda. Se comprime también mi corazón, que protesta airado. Quiere respirar y exige se restablezca su espacio.
Me pregunto y re-pregunto siempre las mismas preguntas ante las mismas cosas.
Me detengo frente al muro y me quedo mirando los signos, lamentando no poder encender otro cigarrillo. Se supone que estoy disminuyendo la cantidad de nicotina...
Levanto la vista y vuelvo al muro. Descubro que lo que me enloquece es esa costumbre de los signos de tener más de un significado...
Eventualmente los cigarrillos jamás están tan lejos como para no alcanzarlos. Qué puedo decir, soy una adicta. Más obsesiva que compulsiva.
Descubro que a veces obsesionarse puede ser bueno, porque es la diferencia entre lo genial y lo mediocre. Los cambios los producen aquellos que no se conforman, los que no se adaptan del todo.
Aunque algunos cambios son para adaptarse... Tema inagotable.
Y me descubro mirando lascivamente a un profesor que odiaba hace diez años.
Porque me seduce más la forma en que un hombre usa su cerebro que la forma como presenta su cuerpo.
No es que esté en contra de la buena apariencia, yo siempre miro las cosas bellas, los cuerpos bellos, armónicos, bien trabajados, bien presentados, bien perfumados...
Pero mi interés llega hasta que me doy cuenta que no hay nada en el frasco. O que no hay lo que yo estoy buscando.
Invariablemente, siempre me siento más seducida por lo otro. Por esa manera particular de usar el cerebro, el pensamiento, la inteligencia o cómo lo quieran llamar.
No es la acumulación de conocimientos. Es la forma de crear conexiones, de hacer análisis, de apasionarse en abstracciones.
Me seducen los caracteres obsesivos y cavilosos.
Tal vez porque estoy aquí, parada frente al mismo muro, mirando las mismas palabras, y sintiendo que mi corazón me pide a gritos más espacio.
Obedezco entonces y cierro los ojos.
Me percibo recostando mi cabeza sobre tu pecho.
No necesito escaleras para llegar al Cielo.

jueves, marzo 29, 2007

Qué ganas tengo

De escribirle con cualquier pretexto.
De hablarle con cualquier excusa.
De escuchar el sonido de su voz.
Qué ganas que tengo de mandarle cuanto poema hermoso me encuentro.
Qué jodidamente perfecto es Benedetti en este momento.
Qué ganas de que el abrazar su pecho desnudo no sea solo en sueños.
De sentir su sonrisa sobre mi piel.
De mirar a sus ojos y encontrarme a mí misma mirándole.
Qué ganas tengo de decirle "te amo... te deseo... te quiero locamente".
De decirle que no me importa nada y que lo acepto todo.
De sólo estar a su lado.

Y no. No hago nada. No digo lo que realmente quiero.
Porque... ¿De qué serviría?
Y me revuelvo entonces en mi propia angustia.
Me amarro las ganas... todas las ganas, y las ato fuertemente a la espalda.
Amordazo mi boca e intento silenciar corazón, alma, mente, cuerpo.
Ser solo un silencio, vacío y esteril.

Qué ganas también de ahogar esta necesidad que tengo de decirle "te necesito".

Pero me doy cuenta que en mi silencio rozo la parte más fecunda en mí.
Si me reprimo, me deprimo.
Y entonces grito, dolorosa angustia que se me escapa.

Qué rabia que tengo.
Qué deseo de destruirme y consumirme.

Qué miedo tengo.
Porque soy enteramente suya...

miércoles, enero 31, 2007

Plegaria

Señor Dios...
Te prometo que si este trabajo me sale bien y paso esta materia, jamás, jamás, jámas volveré a tener sexo antes de un exámen.

Bueno, está bien, no voy a engañarte... Prometo esperar a...

Joder, no me puedes solo hacer un milagro de vez en cuando... unas dos o tres docenas de veces por día... sin esperar que yo te cumpla lo ofrecido??


Volvamos a empezar:
Señor Dios, Todopoderosísimo, Omnipresente, Omnisapiente, Omnitodo...
Padre Celestial, Tú que estás más allá del bien y del mal de tus hijos...
Protege a esta tonta (porque ya no estoy ni tan borracha ni tan niña) que tienes por hija, que no sabe abstenerse ni decir que no... (como tú, que por ahí dicen que Tú y que eres un "sí" pa' too... Hija de gato...)
Y bueh... Tú hazme el milagrito de pasarme la materia pa' no tener que volver a dormirme en esas clases... y después nos arreglamos con las cuentas ;)

Tu hija que te ama.

sábado, enero 27, 2007

Gabriel

Me hieres de nuevo.
En el mismo lugar.

Y no es un maldito hechizo.
Es la Verdad.